Mi camino hacia el acompañamiento:

Una vocación de vida

El origen: Una vocación forjada en la experiencia

Soy alguien que ama acompañar. Es tan simple como eso. Aunque ejercí con éxito una primera profesión durante mi juventud, mi vida dio un giro total cuando, en medio de una profunda crisis existencial, me encontré con el campo de la terapia.

A diferencia del camino tradicional, mi formación no empezó en los libros, sino en el cuerpo. Crecí inmersa en el mundo del desarrollo personal y, años más tarde, vivencié la sanación en carne propia a través de talleres de convivencia y una formación experiencial de tres años en Ecuador y Chile. Allí, entre la Gestalt, el Psicodrama, la Bioenergética y la danza extática, me familiaricé con el lenguaje de mis emociones. Esta base me permitió desarrollar metadestrezas esenciales: la capacidad de crear rapport, de empatizar profundamente y de conectar conmigo misma para poder conectar con otros.

La formación: Unir la práctica con el sustento teórico

Con esa riqueza de habilidades ya integradas, sentí la necesidad de un sustento teórico que diera orden a lo que encontraba en la práctica. Así, a los 45 años, cursé la carrera de Psicología Clínica. Mientras mis compañeros jóvenes descubrían la teoría por primera vez, yo la asimilaba desde la experiencia previa, apasionándome por modelos que daban respuesta a preguntas que yo ya me había planteado en consulta.

Durante ese tiempo, batallé contra la mirada «patologizante» tradicional, buscando siempre un enfoque que viera a la persona y no al diagnóstico. Durante una década, integré y enseñé Focusing, Terapia Hakomi y Sensoriomotriz, hasta que finalmente llegué al modelo IFS. Este enfoque me permitió, al fin, reunir todo mi recorrido: la precisión de la visión clínica con mis metadestrezas y la presencia amorosa como principio fundamental del cambio.

La terapeuta Verónica Ávila realizando la postura de yoga del guerrero frente al mar; una práctica de enraizamiento y fuerza que integra cuerpo y mente en su filosofía de trabajo.

Mi encuentro con el modelo IFS (Sistemas de Familia Interna)

La pandemia me trajo el descubrimiento del modelo IFS. Fue la pieza que faltaba en mi rompecabezas clínico. IFS me permitió entender por qué muchas personas, a pesar de trabajar valientemente con sus heridas, regresaban a hábitos rígidos. Entendí, al fin, la importancia y la persistencia de nuestras partes protectoras.

Abrazar la complejidad de la psique como un sistema de múltiples partes me permitió acompañar incluso los procesos más difíciles sin abrumarme, pero sobre todo, me dio esperanza.

Ese descubrimiento se transformó en un compromiso profundo con la excelencia clínica. Mi formación es hoy un pilar fundamental en la seguridad que ofrezco a mis consultantes. Actualmente, cuento con el Nivel 2 de formación en IFS (Internal Family Systems), lo que me permite profundizar en el trabajo con partes complejas y el liderazgo del Self con mayor claridad y precisión técnica..

Mi filosofía de trabajo: El Self como sanador

Mi enfoque hoy se basa en un principio asombroso: todos tenemos un estado de conciencia calmado y compasivo que llamamos Self. Mi rol como terapeuta es estar en ese estado de presencia para facilitar que tú accedas a tu propio Self.

No soy yo quien te "arregla"; mi labor es acompañarte para que tú te conviertas en tu propio sanador, desde un lugar de curiosidad, calma y compasión.

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Primer plano de Verónica Ávila, psicóloga clínica y terapeuta IFS Nivel 2, transmitiendo madurez, presencia amorosa y escucha activa.